Anel

Testimonio

Los nadies

Los hijos de nadie

Los dueños de nada

Que no son aunque sean

Que no hablan idiomas, sino dialectos

Que no profesan religiones, sino supersticiones

Que no hacen arte, sino artesanía

Que no práctican cultura, sino folclor

Que no son seres humanos sino recursos humanos

Que no tienen cara sino brazos

Que no tienen nombre sino numero

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local

Los nadie que cuestan menos que la bala que los mata

(Eduardo Galeano)

 

Nací en un contexto que me decía a gritos que no quedaba de otra más que ser un nadie. Pero al igual que muchas nadie que hoy en día están allá afuera en busca de oportunidades, yo también tengo una cabeza llena de sueños, imagino un mundo mejor no sólo para mi sino para todos, donde exista el respeto al otro, donde no tengamos que ser valientes para salir a la calle y todos puedan ser quien son sin temor a ser juzgados.

 

Quiero dar gracias a Fundación Mundo Joven y los patrocinadores solidarios ELS, C&M, April, Isic, Aeromexico y a todos los donadores que confiaron en nosotros por brindarnos la oportunidad de viajar por primera vez al extranjero. Toronto, Canadá fue el destino y déjenme decirles que quede impresionada de aquel lugar, por esa mezcla tan impresionante de culturas, pero más allá de ello, por el respeto tan impresionante a la diversidad.

 

Toronto es una ciudad increíble, con un orden impresionante, llena de gente increíblemente amable, un lugar en el que puedes sentirte en casa desde los primeros días, es como si estuviera planeada para ser habitada por un montón de extraños que llegan sin conocer a nadie y así fuimos nosotros: cinco extraños, siendo bien recibidos por un mar de desconocidos, que te tienden la mano por el simple hecho de ser humanos. Todo me resultaba emocionante, quería recolectar cada memento, conservarlo en mi memoria o en mi teléfono, pero me daba por vencida y corriendo el riesgo de olvidar me dedicaba a simplemente disfrutar.

 

Ahora estoy aquí, envuelta en un montón de sentimientos encontrados, alegría, emoción, nostalgia. Quiero decirles que no saben cuánto daría porque ese lugar tan amable del que les hablo fuera nuestros México, pero desgraciadamente no es así, este viaje también me permitió dar cuenta que en nuestro país aún nos falta mucho por lograr en cuanto al respeto a la diversidad. Al igual Canadá, México es un país pluriétnico y pluricultural, sin embargo, nosotros, no terminamos de entender que no es el color de piel, ni los rasgos físicos, ni la vestimenta, ni el idioma, ni las preferencias sexuales, lo que nos vuelve dignos de respeto, sino el simple hecho de ser seres humanos. Canadá me enseñó que la consigna zapatista de “un mundo donde quepan muchos mundos” no es sólo una utopía, ahora estoy dispuesta a participar para que en nuestro país esto sea una realidad.

 

Ustedes nos regalaron la oportunidad de aprender un nuevo idioma, pero creo que fue mucho más que eso, fue aprender formas distintas de vida, nos regalaron una visión diferente, cada momento y cada persona se queda en mí y constituye lo que ahora soy y lo que quiero llegar a ser.

 

Quiero darles las gracias por esta gran oportunidad, porque me han hecho creer en lo imposible. Les juro que esta huella es imborrable en mí, hay un antes y un después de Canadá. Pero también quiero decirles que no veo esto como el fin, ya que esta experiencia me ha despertado el deseo de ser mejor persona, de cruzar más fronteras y llenarme de experiencias similares, porque me niego a ser un nadie y porque creo que todos los jóvenes merecemos lo que soñamos, pese a las dificultades.

 

El mundo necesita jóvenes soñadores, sí, pero no basta con soñar, por eso les doy las gracias a ustedes por su enorme generosidad. GRACIAS POR CREER EN NOSOTROS.

 

Esto es no es un fin, esto es un nuevo comienzo.

The sky isn´t the end, the sky is the beggining.

 

Atte. Anel Sánchez